La fiesta más grande del Perú cae en el pico de la estación seca, y arrastra con ella toda la disponibilidad de la ciudad.
La representación de la fiesta del sol inca se desarrolla en tres escenarios el mismo día: el Coricancha por la mañana, la Plaza de Armas al mediodía y la explanada de Sacsayhuamán por la tarde, que es la parte con tribunas y entrada. Cusco entero se vuelca a la calle: el 24 de junio la ciudad no funciona como un día normal.
6 noches en Cusco con la aclimatación resuelta antes del 24: Valle Sagrado primero, Machu Picchu después y el Inti Raymi como cierre, no como apertura. Un programa que pone al cliente en Sacsayhuamán a 3.700 metros el día siguiente a su llegada vende una mala experiencia.
El acceso a la explanada de Sacsayhuamán es con asiento numerado por zonas y la capacidad es limitada; la contratación se confirma en la cotización con el Prestador Local, que es quien compra la butaca. La ciudad opera con calles cerradas ese día, y los traslados y los horarios de tren se planifican en consecuencia.
Con 6 a 12 meses, el plazo más largo del programa peruano. Se combina con el pico de la seca y con los permisos limitados del Camino Inca, de modo que hotel, tren y butaca compiten entre sí por la misma semana.
Ventana a evitar para un congreso en Cusco: la ciudad está ocupada y los hoteles de categoría están comprometidos con mucha anticipación. Como incentivo pequeño, en cambio, es un motivo de viaje en sí mismo.
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