La misma temporada de los dos lados de la frontera, y una base de camas que no crece con la demanda.
La ventana en que los circuitos patagónicos operan completos: Torres del Paine del lado chileno, El Calafate y el Fitz Roy del argentino, con Ushuaia como extremo sur. Diciembre, enero y febrero son los meses más cálidos y también los más ventosos y más concurridos. Noviembre y marzo entregan el mismo acceso con bastante menos gente, que es la razón por la que una agencia con experiencia empuja esas dos puntas.
7 noches como mínimo vendible para hacer los dos lados sin correr: Torres del Paine y El Calafate encadenados por tierra, con Ushuaia como extensión y no como parte obligatoria. Fuera de la ventana no corresponde vender trekking patagónico: desde mayo, Torres del Paine solo admite trekking con guía habilitado.
La base hotelera dentro y alrededor del parque es chica y es lo más difícil de conseguir en toda la región. El viento es un factor operativo real y no un detalle de clima: condiciona horarios de navegación y caminatas, y conviene que el cliente lo sepa antes de viajar. El cruce entre Chile y Argentina se hace por tierra y consume medio día.
Con 8 a 12 meses para el pico de diciembre a febrero, y con 4 a 6 para noviembre y marzo. Los refugios y los alojamientos dentro del parque son el primer cuello de botella, antes que los vuelos.
Sin impacto para congresos; como incentivo funciona en noviembre o marzo con grupos chicos, cuando hay lugar y el viento es más manejable.
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