El producto chileno que funciona justo cuando el sur cierra, y el único que sostiene un programa en pleno invierno.
El desierto de Atacama es visitable todo el año, pero entre abril y octubre las noches se despejan de forma sostenida, que es lo que convierte la observación astronómica en un producto vendible y no en una apuesta. Alrededor de San Pedro se ordenan los géiseres del Tatio de madrugada, los salares y lagunas altiplánicas y el Valle de la Luna al atardecer.
4 noches en San Pedro con las excursiones repartidas por altura, no por gusto: primero las de cota baja, después el Tatio y las lagunas, que están por encima de los 4.000 metros. Se encadena con Santiago en primavera y, entre mayo y julio, sostiene por sí solo el tramo chileno cuando la Patagonia está fuera de temporada.
Las noches son frías todo el año y a gran altura: es lo primero que hay que advertir al cliente, junto con la aclimatación. Los programas de observación no operan alrededor de la luna llena, porque la luz arruina el cielo, de modo que la fecha exacta de la salida se confirma en la cotización con el Prestador Local.
Con 3 a 4 meses. San Pedro tiene hotelería de escala chica y los alojamientos con programa de observación propio son los primeros en comprometerse.
Buena ventana para un incentivo que se extiende desde Santiago: el desierto da un motivo de viaje distinto, con grupos chicos y una logística previsible fuera del verano.
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