Carnaval de calle, sin desfile para mirar: aquí el cliente está adentro o no está.
El carnaval bahiano se organiza en circuitos por los que avanzan los tríos eléctricos: Dodô, entre Barra y Ondina, junto al mar; Osmar, en Campo Grande, más tradicional; y Batatinha, en el Pelourinho, sin tríos y con bloques afro, el más manejable para una familia. Se participa comprando abadá de un bloco, que da acceso a la cuerda, o desde un camarote con vista al circuito.
4 a 6 noches con la decisión tomada por circuito y por formato: abadá para el cliente que quiere caminar dentro del bloco, camarote para el que prefiere ver, beber y sentarse. Como segunda etapa, Morro de São Paulo o la Costa do Sauípe descomprimen el paquete y bajan el promedio de tarifa.
La ciudad se reorganiza alrededor de los circuitos: los hoteles de Barra y Ondina quedan dentro del perímetro y son los más pedidos, con estadía mínima y prepago. Los traslados dentro del perímetro se hacen a pie durante buena parte del día, y esto conviene decirlo antes de vender, no después.
Con 8 a 12 meses. Los abadás de los blocos más buscados y los camarotes se comprometen mucho antes que las habitaciones.
Ventana a evitar para congresos: la ciudad está volcada al carnaval y el espacio hotelero útil está tomado, con la circulación condicionada por los circuitos.
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