El espectáculo más grande de la Amazonía, en una ciudad fluvial cuya capacidad no crece para recibirlo.
Dos agrupaciones, Garantido de rojo y Caprichoso de azul, se enfrentan tres noches seguidas en el Bumbódromo, un estadio construido para eso, con alegorías de gran porte, coreografías masivas y una liturgia propia del público, que se sienta dividido por color. Es folclore amazónico llevado a escala de estadio y no tiene equivalente en el resto del país.
Parintins se vende desde Manaos, que es la puerta real de entrada: 2 o 3 noches de festival encadenadas con 3 o 4 en lodge amazónico, que además caen en el arranque de la seca y mejoran la observación de fauna. El cliente que compra solo el festival vuelve con la mitad del viaje.
Parintins es una ciudad pequeña con una base hotelera fija: durante el festival buena parte del alojamiento se resuelve en barcos, y el acceso es por río o por vuelo desde Manaos. Esto no es un detalle de color, es lo que define el presupuesto y el itinerario, y conviene explicarlo al cliente antes de cerrar.
Con 6 a 10 meses. El alojamiento —en tierra o en barco— y las entradas al Bumbódromo se comprometen mucho antes que los vuelos internos, que son el cuello de botella siguiente.
Sin impacto para congresos, pero funciona como incentivo para un grupo chico que ya conoce Brasil y busca algo que no se pueda comprar en Río ni en São Paulo.
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